
Bebiendo café.
Era una tarde fría y sentado en un rincón del café al final de la calle estaba un hombre solitario.
El vapor de su bebida se escapa con tranquilidad, uniéndose a la exquisitez del aire que se respira en ese lugar.
Un sorbo pequeño, prolongado a más no poder con el fin de disfrutar cada gota y acompañarla con un único pensamiento que, fugaz, después desaparecerá.
Otro sorbo, ya está, trabajo, personas, problemas y sueños pasan por su cabeza, ausente y pensativo; es un ritual que repite cada viernes.
Ahogado en su soledad, su futuro comienza a diluirse. Sorbo, la puerta del café se abre y entra algún extraño, ¿a quién le importa?, más pensamientos.
Alguien le mira con curiosidad pero está muy distraído como para darse cuenta; sorbo tras sorbo sólo mira pasar la vida. Una mujer se acerca, sonríe y no dice una sola palabra, él la observa por un momento, sorbo al café y regresa a sus pensamientos.
Ella se acerca a su mesa, toma una servilleta y escribe 3 palabras; se retira, tal vez para siempre.
El joven lee la servilleta, toma café y se le va la vida.
