
Fantasmas.
Hoy estoy raro, lo sé, pero es que he visto un fantasma.
¿Crees en los fantasmas?... sí, eso me imaginé.
Bueno, no me mires así, eso es lo que me pareció…en realidad no lo vi, sólo pude olerlo. Sí, los fantasmas también pueden tener olor, ¿es que no escuchas lo que te estoy diciendo?
No era el fantasma de nadie en realidad y era el fantasma de muchas personas al mismo tiempo,era el fantasma de una época perdida en los laberintos de los recuerdos, en los de hazañas, de sentimientos y de asuntos sin terminar.
Todo esto por un simple aroma,
¿puedes creerlo?, bueno, allá tú; sólo te contaba lo que me ha puesto así, nostálgico, pensativo y triste.
¿Loco? no, locos los fantasmas de ahora que ya no son como los que veían mis abuelos. Estos fantasmas aparecen a medio día, no como la figura espectral y azulada de una mujer muerta hace cientos de años o como un hombre demacrado cargando sus cadenas, no.
Los fantasmas de hoy llegan como el perfume que esa mujer debía de llevar a la hora de su muerte; estos fantasmas ya no te asustan o te hacen travesuras, no tiran las cosas ni azotan las puertas… no, ahora simplemente se quedan junto a ti, en un absoluto silencio; te susurran al oído las cosas que habías olvidado aquellas que quisieras olvidar, te tiran la felicidad y te azotan el ánimo.
¿Ahora lo comprendes?
Ese fantasma está saliendo de ti, del perfume que llevas puesto; el que casualmente decidiste usar el día de hoy, el mismo día en que casualmente nos reencontramos.
¿Ahora crees en los fantasmas? Lo suponía.